Inevitables para su desarrollo, porque ocurren y que hacer para mantenerlas a raya.
Desde su nacimiento, el niño utiliza el llanto como una forma de comunicación. Llorar, tanto en niños como en adultos, es una forma natural de expresar los sentimientos, además de un signo de proceso de adaptación.

Lidiar con los llantos
Cuando el llanto se agudiza y va acompañado de chillidos, berreos o pataletas, entre otros, se habla de rabieta o berrinche. La rabieta no es más que una liberación incontrolada de la ira del niño, necesaria, por otra parte, para su desarrollo y para alcanzar su independencia, que puede empezar a manifestarse, de forma precoz, a los 7 meses y que normalmente desaparece a los 4 años.
Las rabietas, que suelen duran unos minutos, con una intensidad variable según el niño, son normales a lo largo de la primera infancia, aunque algunos niños no la tienen hasta los 3 años.
Recomendaciones para las rabietas
Cuando el niño no tolera la frustración la rabieta es un modo de expresar su infelicidad. La infelicidad del niño se debe al temor de perder el amor de sus padres, por ejemplo si le riñen, y a su sentimiento de impotencia, cuando no logra realizar un juego o si no lo entienden. Pero no solo se debe a la frustración sino que también expresa la fragilidad del niño, por eso cuando tiene hambre o sueño hay mas facilidad para las rabietas.
La importancia del temperamento en los niños
El temperamento influye mucho en la periodicidad y en las existencias de las rabietas. Algunas son sutiles, otras más escandalosas, pero la tendencia a padecerlas no indica necesariamente nada más que un carácter enérgico, sino que pueden esconder algún problema.
Recomendaciones ante las rabietas
Aunque cada caso es distinto, algunas indicaciones pueden servir. Cuando estalla la crisis no hay que permitir al niño que se lastime ni que lastime a los demás, si fuera necesario, se le debe contener con amable firmeza. Permanecer cerca de el le proporcionara el consuelo que necesita, pero no se aconseja consolarlo de forma prematura. Si se le escucha se le demuestra que nos importan sus sentimientos y ello conlleva a que el niño encuentre respuestas. Evidenciar que se ha observado lo que ocurre también resulta positivo.
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